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La vuelta al colegio

Lic. Florencia Amanto , MN: 63865
Psicóloga de Grupo Wellness Latina

La pandemia por  coronavirus derribó muchas de las rutinas que teníamos establecidas en nuestra vida cotidiana. Esto implicó un reto a la capacidad de adaptación de toda la sociedad. Dado que los chicos/as necesitan previsibilidad y estructura para sentirse seguros/as, los cambios abruptos e inesperados en su día a día produjeron un fuerte impacto en ellos/as. Si bien cada niño/a reacciona de manera diferente según su edad y personalidad, las manifestaciones más frecuentes fueron: berrinches, miedos, cambios de humor, problemas para dormir, retrocesos en los aprendizajes. 

No obstante, es esperable que la vuelta al colegio en forma presencial también los afecte, a pesar de ser algo que desean. Regresar a clase luego de tantos meses implica una readaptación a las rutinas, horarios, tareas escolares, compañeros y docentes. Este retorno puede ser vivido por muchos niños/as como algo totalmente nuevo. Incluso hay quienes empiezan a asistir por primera vez a la escuela o al jardín de infantes. Ante lo nuevo, es común que los niños/as sientan miedo, angustia y/o les cueste separarse de sus padres. Por este motivo, los adultos tenemos que transmitirles seguridad y tranquilidad, aunque puede que nos cueste, ya que nos han afectado los mismos acontecimientos.

A continuación, mencionamos algunos puntos a tener en cuenta para generar confianza y seguridad en los niños/as durante el nuevo ciclo escolar post-pandémico. Se recomienda:

- Respetar la singularidad de los procesos. No todos tienen los mismos tiempos y formas de adaptación. Puede que, al volver al aula, la sensación sea abrumadora y quiera aislarse, o por el  contrario, le cueste retomar el ritmo académico por querer compartir el tiempo con sus pares. Cada alumno es único y no es conveniente hacer comparaciones. 

 

 

- Mostrarse empático y validar las emociones de los pequeños para que puedan expresarse sin sentir que están fallando, en base a parámetros ajenos o comparaciones con sus hermanos/as o pares. Pueden sentir miedo de contagiarse, temor por no ser aceptados por sus compañeros o angustia por separase de sus padres, por ejemplo.  

- Promover un tiempo de reflexión en familia. Con los más grandes se puede conversar sobre cómo fue su  día, qué les costó más, qué cosas disfrutaron, cómo se sintieron en cada momento.

- Enseñarles a poner nombre a sus emociones y que las describan con sus palabras. Explicarles los motivos por los cuales pueden originarse las emociones como el enojo, el miedo o la tristeza, y brindarles estrategias para gestionarlas de manera saludable, sin tener que evitarlas. Con los más chicos se pueden usar cuentos y fábulas para hablar del tema. También pueden jugar a armar una “caja de preocupaciones”, o un “termómetro de miedo” para que aprendan a identificar y a conversar sobre aquello que les preocupa y sienten. Con los más grandes será importante la escucha y la tolerancia a sus tiempos de apertura.

- Destacar los logros diarios por más pequeña que sea la acción, y brindar aliento siempre.  

- Recordarles que siempre pueden pedir ayuda a sus padres, hermanos/as mayores, abuelos/as y docentes.  
Todo lo que experimentamos como familia durante estos dos años de pandemia, puede servir de ejemplo inolvidable para los niños/as sobre cómo afrontar las adversidades y cambios en sus vidas. Y en este punto la clave está en cómo lo hacemos los adultos, porque aunque no nos demos cuenta, nos miran y escuchan siempre.