¿Cuándo una conducta cotidiana puede ser un trastorno alimentario?
¿Cuándo una conducta cotidiana puede ser un trastorno alimentario?
Muchas prácticas socialmente aceptadas pueden esconder un trastorno de la conducta alimentaria. Aprender a detectarlas a tiempo es clave para cuidar nuestra salud y la de quienes nos rodean.
Entender los trastornos de la conducta alimentaria
¿Alguna vez te preguntaste qué conductas, hoy totalmente normalizadas por la sociedad, pueden formar parte de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA)? Detectarlas a tiempo es clave, no solo para cuidarnos, sino también para poder acompañar y ayudar a otras personas que pueden estar atravesándolo.
Al hablar de TCA, se repiten dos grandes ejes:
Una preocupación excesiva por el cuerpo, el peso y la figura, que supera lo habitual.
La aparición de conductas o prácticas para controlar o mitigar esa preocupación, que terminan afectando los pensamientos, el estado de ánimo, los vínculos y también el cuerpo y su biología.
Conductas que pueden ser señales de alerta
Muchas conductas no suelen generar preocupación porque están socialmente valoradas o incluso estimuladas. Por ejemplo:
Hacer ejercicio físico de manera desmedida sin ser deportista de alto rendimiento
Cambiar drásticamente la alimentación porque se percibe como “más sano”
Fanatizarse con dietas específicas
Buscar intolerancias alimentarias inexistentes
Preocuparse en exceso por el envejecimiento
Pasar muchas horas en redes sociales
El problema no es la conducta en sí, sino el grado de obsesión que puede haber detrás, algo que muchas veces no logramos distinguir.
¿Cómo identificar un TCA en otra persona?
No siempre un trastorno de la conducta alimentaria se manifiesta con una baja de peso marcada. Existen TCA en todos los cuerpos y pesos. Algunas señales de alerta pueden ser:
Cambios notorios en el carácter
Fluctuaciones importantes del humor
Aislamiento social
Evitar encuentros donde hay comida
Dejar de comer en familia
Consumir solo lo que considera “permitido”
Aparición de rituales alimentarios
Uso de ropa que oculte el cuerpo
Comentarios negativos constantes sobre su cuerpo
Estar muy pendiente de lo que comen o cómo se ven los demás
¿Qué hacer ante una sospecha?
La respuesta depende de la edad de la persona:
En adolescentes, es necesario alertar a los padres para que puedan pedir ayuda profesional.
En adultos, se recomienda un acercamiento desde una preocupación amorosa y no acusatoria, compartiendo lo que se observa o se siente y preguntando si necesita ayuda.
Si te interesa saber más, te invitamos a escuchar el episodio “Entendiendo los trastornos de alimentación” del podcast Sin Turno, donde la Licenciada Alicia Alemán reflexiona sobre cómo muchas conductas naturalizadas pueden convertirse en señales de alerta.
En especial durante la adolescencia y la adultez joven, contar con información confiable y espacios de acompañamiento es clave. En ese sentido, Omint Vos, el plan de Omint dirigido a jóvenes de entre 18 y 35 años, propone herramientas de cuidado integral que promueven una relación más saludable con el cuerpo, la alimentación y el bienestar emocional.